Una noche no podía dormir
y comencé a llorar.
Llorar de rabia,
de ira,
de tristeza por ti.
Por saber que tu estas
pero en otra parte,
o peor aún, no estás.
Que no será lo mismo,
y que me canso de quejas,
reproches, excusas...
cansada de no saber actuar.
Te echaba de menos,
te echo de menos y
te echaré de menos.
A partir de esa noche,
todas y cada una de las siguientes
lloro, en el lado derecho,
mirando el otro lado de la cama
vacío y sin nadie a quien abrazar.