Una noche no podía dormir y comencé a llorar. Llorar de rabia, de ira, de tristeza por ti. Por saber que tu estas pero en otra parte, o peor aún, no estás. Que no será lo mismo, y que me canso de quejas, reproches, excusas... cansada de no saber actuar. Te echaba de menos, te echo de menos y te echaré de menos. A partir de esa noche, todas y cada una de las siguientes lloro, en el lado derecho, mirando el otro lado de la cama vacío y sin nadie a quien abrazar.