un gran corazón

Era la noche perfecta para disfrazarme de uno de los perfectos reyes magos, en mi caso de Baltazar. Me pinté un poco la cara, no hizo fata peluca porque mi Baltazar era mas bien calvo y solo me hacia falta ponerme un gorro para parecer que no tenía pelo, y por último el disfraz de color violeta, que a todos los morenos  les queda bien, y que menos que a un rey mago. Me dirigí al pabellón donde los niños nos esperaban con ilusión, entusiasmo, alegría, emoción y esas cosas. Se les notaba en la cara y en su forma de mover sus piesitos, como cuando estamos nerviosos por algo.

Habían tres sillas de plástico, una para Melchor, otra para Gaspar y ¡ajá! allí está la mía, Baltazar. Las filas llegaban hasta la puerta,increible.

Pasaron muchos niños pidiendo cientos de juguetes, monopatines, nintendos, coches teledirigidos; y las niñas otros cientos de muñecas, casitas, peluches...., pero lo que me impresionó fue lo que me pedía uno de los niños. Se sentó en mis rodillas, y le pregunté:
-¿Cuántos años tienes?
-4 años.
-¿ Te has portado bien este año?
-¡Sí, Baltazar!
-Muy bien, ¿qué les pides a los reyes?
-Nada.
-¿Nada?¿y entonces?
El niño se levantó de mis rodillas, me miró a los ojos y me dijo:
-Solo vine para decirte que no se olviden de dejarles regalos a los niños pobre también...
-Les llegarán los regalos, te lo prometo...
El niño se fue con sus padres, y momentos antes de desaparecer por la puerta me volvió a mirar y me sonrió.

P.D: Basada en hechos reales.